La primera lluvia de estrellas del 2019


Cuadrántidas: La primera lluvia de meteoros del año.

Este mes de enero de 2019 nos trae un par de eventos astronómicos muy interesantes: Una lluvia de meteoros de alta actividad y un eclipse total de Luna. De este último hablaremos en detalle en próximos días.

La primera lluvia de meteoros del año tiene lugar entre el 1 y el 5 de enero de este año, alcanzando su máximo la noche del 3 a la madrugada del 4 de enero.

Es una de las mejores lluvias de meteoros, con una tasa de actividad de unos 120 meteoros por hora, lo que la convierte en una de las mas activas del año, junto a las Gemínidas de diciembre, aunque su máxima actividad suele durar tan sólo unas pocas horas.

Este 2019 será un año muy bueno para su observación, ya que su máximo será 2 días antes de la Luna nueva.

La mejor hora para observar las Cuadrántidas será a partir de las 3 de la madrugada del día 4.

El origen de las Cuadrántidas sigue siendo incierto. Algunos astrónomos especulan con la idea de que el asteroide 2003 EH1 puede ser el que causa la lluvia de meteoros. Este asteroide fue descubierto en el año 2003, y se cree que está relacionado con el cometa extinto C\1490 Y1 observado por astrónomos chinos, japoneses y coreanos hace unos 500 años
Lo que sí es cierto es que la Tierra atraviesa un anillo de fragmentos desprendidos supuestamente del asteroide 2003 EH1. Cuando uno de esos fragmentos (o meteoroides) entra en contacto con la atmósfera terrestre, se quema por la fricción con el aire creando así el brillo que conocemos como meteoro o “estrella fugaz”.

Típicamente, los meteoros más comunes que observamos a simple vista los producen partículas de unos milímetros a unos centímetros de tamaño que se queman a unos 100 kilómetros de altura.
Su radiante, o el punto por el que parecen provenir los meteoros, se ubica en la constelación de Bootes, el Boyero, muy cerca de la Osa Mayor.
Su nombre, Cuadrántidas, proviene de la constelación Quadrans Muralis, ya en desuso, denominada así por el astrónomo francés Lalande en 1795, pero actualmente no reconocida por la Unión Astronómica Internacional (IAU).

Para observar una lluvia de meteoros no es necesario el uso de instrumentos ópticos (binoculares o telescopios), sino que puede hacerse a simple vista, y buscar algún sitio oscuro para evitar la contaminación lumínica de las ciudades.